Haití. El grito que no cesa 

por Nahuel Grippo

Llegar al Aeropuerto Toussaint Louverture de Puerto Príncipe, es entrar a la entrañable y otrora rica República de Haití, hoy totalmente devastada y empobrecida por décadas de saqueo imperialista. Haití comparte la isla la Española con su vecina República Dominicana dónde, un 12 de Octubre del año 1492, desembarcó un ambicioso marino de nombre Cristóbal Colón.

Con 27700 km2 y 9,5 millones de habitantes Haití hoy es el país más pobre de América Latina y uno de los más pobres del mundo. La población es herencia de los negros africanos traídos esclavos que supieran llevar adelante una gloriosa revolución étnico independentista en el año 1804, la primera de América Latina. 

Hoy la grave crisis económica que vive el país se palpa en la calles en una nación dónde el 65% de su población está bajo la línea de pobreza y un número cada vez mayor de personas cae en la indigencia más absoluta. La expectativa de vida de la población haitiana es de sólo 56,5 años, la más baja del mundo; la tasa más alta de fecundidad, casi 5 hijos por mujer; la tasa más alta de mortalidad infantil supera el 48 por mil, y también la tasa más alta de muertes de mujeres en parto, 41,8 por mil.

Haití parece ser un territorio maldecido, la pobreza, las catástrofes naturales (como el terremoto en la capital Puerto Príncipe, en el año 2010 que dejó más de 200000 muertos). Todo esto agravado por la falta de infraestructura y con una eterna crisis social y económica producto de una historia de saqueo y de barbarie llevada adelante por dictadores, políticos y empresarios títeres del imperialismo norteamericano.

En febrero de éste año más de 40 personas murieron y más de 100 resultaron heridas en un contexto de protestas y movilizaciones, según datos de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos. Los ataques a periodistas son moneda corriente, el más reciente fue el asesinato de Néhemie Joseph, periodista de Radio Mega de Puerto Príncipe.

En los últimos días de octubre ante el agravamiento de la falta de combustible que tiene prácticamente paralizado el país, recrudecieron las protestas y se produjeron más muertos y heridos. Padres y alumnos se han unido a la lucha de los docentes. La capital es un verdadero caos, miles de personas de distintos sectores se movilizan cortando calles, armando barricadas y cerrando comercios. El mayor reclamo que se escucha es el pedido de renuncia al presidente Moise y el aumento inmediato de los salarios.

Jovenel Moise fue consagrado Presidente de la Nación en noviembre de 2017, en una elección donde partició tan sólo el 20 % del electorado, y dónde su candidatura logró poco más del 50% de los votos. Escrutinio que fue muy cuestionado por gran parte de la oposición política y organismos de DDHH nacionales e internacionales. En ningún momento de estos dos años de gobierno Moise pudo estabilizar la situación social y económica del país, más bien todo lo contrario.

La rebelión popular que vive hoy Haití no fue generada solamente por crisis económica, las denuncias de corrupción sobre el presidente y su entorno contribuyeron a éste estado de bronca y descontento y lograron que otros sectores de la sociedad como los intelectuales y artistas se sumaran a las protestas. Una de estas denuncias tienen que ver con los desvíos de fondos del orden de los 2000 a 3600 millones de dólares que eran parte de los beneficios del petróleo que Venezuela proporcionó a Haití en condiciones favorables. 

Todo parece indicar que el actual gobierno no tiene mucho margen para la negociación y parece muy difícil que pueda recuperar una gobernabilidad que, desde el principio de su mandato, le fue esquiva. Es hora que la comunidad internacional deje de mirar para un costado y acuda inmediatamente en socorro de éste pueblo que vive una verdadera crisis humanitaria.

El nombre Haití, viene de el término Ayití que en la lengua de los primitivos pobladores, los taínos, significa “tierra de las altas montañas” Es desde esas altas tierras donde una y otra vez desciende el grito rebelde de un pueblo que, pese al horror, la devastación, el hambre y el abandono más inhumano, sigue mostrando a toda América Latina y al mundo los valores de la dignidad.

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