3J NI UNA MENOS. LA VIOLENCIA MACHISTA EN FLORENCIO VARELA Y LA CONTUNDENTE RESPUESTA DE LUCHA Y ORGANIZACIÓN

El 3 de junio de 2024 se cumplieron nueve años del primer Ni una menos, jornada de lucha desatada por el hartazgo ante los miles de femicidios cometidos en nuestro país. Fecha que dialoga con el 7 de marzo, el 8M, el 31 de marzo, el 28 de junio, el 14 de julio o el 25 de noviembre, días en los que se reivindica la lucha por los derechos de los sectores oprimidos por la violencia machista que desde hace siglos se impone bajo el sistema patriarcal.

Fechas y espacios que no son solo gritos de denuncia, sino que también son faro para aquellas y aquelles que necesitan de esta enorme y fuertísima red para salir de las tramas de violencia que oprimen su existencia. Espacios de resistencia desde los que tendemos los brazos para cobijar a quienes escapan de su agresor.

Los femicidios y las distintas violencias ejercidas sobre las mujeres, las disidencias sexuales y las infancias no son casos aislados ni asuntos privados, son consecuencia de una estructura política, social, económica y cultural a la que hay que enfrentarse desde todos los flancos: con políticas públicas de protección a las víctimas y castigo a los culpables, con condiciones para la independencia económica, con la construcción de una cultura libre de estereotipos y discriminación. Una estructura que enfrentamos en manada y hermanadas.

Florencio Varela no es ajena a esta realidad, la historia local está atravesada por numerosos casos emblemáticos que reflejan las distintas formas en las que la violencia machista coarta libertades y hasta la propia vida. En distintos contextos y momentos históricos, vecinas y vecines de esta ciudad, han sido protagonistas de historias terroríficas a manos de personajes inescrupulosos y dignos hijos del patriarcado.

Si tomamos uno de los contextos de mayor violencia, como fue la última dictadura cívico eclesiástica empresarial militar, podemos ver cientos de personas víctimas de aquel horror entre quienes había distintos géneros, edades, ocupaciones y clases sociales. Sin embargo, las mujeres y disidencias sufrieron un plus por el simple hecho de desafiar con su mera existencia el orden cristiano, heteronormativo y machista de la época. Hubo mujeres que destinadas al ámbito privado y doméstico, ocupando el lugar de cuidado, de buena madre y esposa rompieron el mandato sumándose a las luchas populares, siendo lideres, ejerciendo roles de poder, independizándose y cuestionando el orden establecido. En Florencio Varela existieron figuras como Mirta Gerelli, Silvia Schand, Melba Campodónico, Luján Susana Papic, Marta Susana Caro o Graciela Ángela Echavarría que se destacaron en sus lugares de trabajo o de militancia por su compromiso y dedicación. Algunas de ellas fueron liberadas, la mayoría permanecen desaparecidas.

Quienes sobrevivieron han dado testimonio de que a las vejaciones del secuestro y las torturas que todes sufrían, ellas tuvieron que soportar violaciones sistemáticas, violencia obstétrica, embarazos obligados y todo tipo de abusos.

En democracia, cuando se suponía que los derechos e integridad de todos los habitantes estaba garantizada, la vida de las mujeres continuó estando en riesgo.

En mayo de 2002 se da en Florencio Varela el primer caso de una mujer asesinada en democracia en una comisaría. Andrea Viera había sido detenida en un procedimiento irregular por la policía bonaerense junto a su pareja, para luego ser trasladada a la Comisaría 1ra donde fue torturada, falleciendo a los pocos días. Por el crimen hubo una sola condenada, la cabo primero Marta Jorgelina Oviedo, mientras que resultaron absueltos por el beneficio de la duda otros cuatro policías: David Gutiérrez, Carlos Maidana, Oscar Luciano Farías y Diego Herrera.

En 2016 fue asesinada la Jose Zalazar Maturano, el cuerpo de La Jose estaba boca abajo, le habían destrozado el cráneo, quebrado la columna y tenía tajos de cuchillo por toda la cara. La encontraron vestida con un top, una pollera corta y tacos altos. Además de este terrible ataque la víctima siguió siendo violentada por los medios que hablaron de “hombre vestido de mujer” o “travesti peruano”.

El 11 de febrero 2017, alrededor de las 6hs, se produce la “Masacre de  Senzabello” donde cuatro mujeres menores de edad fueron salvajemente baleadas muriendo dos de ellas y quedando gravemente heridas las otras dos. A pesar de las pistas que apuntaban a policías, empresarios de la noche y bandas de narcomenudeo, la causa fue archivada. En respuesta al reclamo de las familias la causa fue desarchivada el año pasado y se espera su avance.

En diciembre de 2018 Roxana Villalba salió de su casa hacia Caballito para ver a su pareja, Pablo Marín. Nunca volvió.  La madre de Roxana sostiene su hipótesis sobre la red de trata. Desde entonces las pistas y el estado de la causa son los mismos.

En septiembre de 2021 fue condenado a 13 años de prisión el exconcejal Daniel Zisuela por facilitación y promoción de prostitución de menores y mayores. Resultado de un largo y doloroso proceso de las víctimas de la red de trata a la que estaban vinculados dirigentes gremiales y políticos para quienes se espera el desarrollo de la causa Zisuela 2.

En diciembre de 2021 fue encontrada sin vida Paula Martínez en lo que se caratuló como suicidio. Paula había denunciado en 2016 que fue drogada y violada por varios hombres en una fiesta a la que había sido invitada por una vecina, desde entonces su vida fue un calvario en el camino de búsqueda de justicia durante el cual sufrió un sin fin de amenazas y hostigamiento por parte de los acusados y sus familias. En 2022 fueron condenados a 19 años de prisión Gonzalo Sandoval, Guillermo Chávez y Gustavo Carbonel. El año pasado se inició el juicio contra Mauro Nair Goncalves quien estuvo cinco años prófugo.

El mismo mes del presunto suicidio de Paula, Marina Meza fue asesinada por su expareja en su domicilio. Como tantos otros casos hubo denuncias previas que las justicia desoyó. Orlando Jara se entregó en la Comisaría 2da y fue condenado a la pena de prisión perpetua.

Solo un puñado de casos que deja expuesta la violencia que trasciende edades, clases sociales y ámbitos pero que siempre apunta hacia las mujeres y las disidencias. Varones que responden a una masculinidad hegemónica y el propio Estado haciendo uso de sus lugares de privilegio y caso omiso de sus obligaciones para sostener pactos de silencio y encubrimientos. Sin embargo, ninguno de ellos dormirá tranquilo, porque cuando tocan a una respondemos todas. Porque frente a ellos está la manada, la marea verde, las brujas feministas, los pañuelos violetas y verdes, las banderas multicolores, el glitter, las pibas y la vieja escuela arrasando con este mundo obsoleto, quemándolo todo a cada paso, alzando la voz por las que no están, construyendo un lugar seguro para las que están llegando, haciendo del hoy el mejor presente para cada une. Ni una menos. Vivas y libres nos queremos.


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