MAS DE 10 AÑOS DE VENTAS DE DROGAS Y MUERTES PRESAGIABAN LA TRAGEDIA QUE VIVEN EN EL PRO TIERRA SAN FRANCISCO

En Florencio Varela estamos viviendo las consecuencias de la crisis terminal de un sistema de poder que incluye al gobierno municipal, pero también a las inexistentes oposiciones que nada dicen de lo que sucede.

Hace más de 10 años que en Florencio Varela la venta de drogas y la muerte se instalaron en los barrios de la periferia lindantes con zonas rurales. ¿Qué raro fenómeno provoca que hace 10 años diferentes bandas venden drogas en los campos de La Carolina, Paraná, Luján, Villa Argentina, San Jorge Rural, Santa Rosa Rural, Pico de Oro, Curva de Chávez, San Luis, Los Pilares, La Antena Rural, Villa Hudson y muchos más sin que se logre poner un freno?  Ningún fenómeno,  simplemente los jefes policiales pactan a cambio de dinero que en esos campos se vendan drogas y la sociedad varelense tolera más la muerte de un pibe de la periferia que uno de zonas céntricas.

Ese modelo recaudatorio en el que un puñado de jefes se enriquece y cientos de policías jóvenes cobran sueldos miserables empezó a crujir con el asesinato del joven sargento Facundo Giménez  cometido por la misma banda que opera en barrio Paraná  desde hace más de 10 años durante un allanamiento en un campo de Pico de Oro. El llamativo operativo no contó con la presencia de comisarios ni miembros de la Jefatura Distrital, pero tampoco fue acompañado de fuerzas especiales a pesar de que «era un lugar muy peligroso”.

Al poder político municipal le gusta decir que cada muerte es un “hecho aislado», pero el accionar de esta banda de vendedores de drogas mostró su poder de fuego cuando el 29 de septiembre asesinó a  un joven llamado Eber Alarcón  de 36 tiros a escasas cuadras de lo sucedido.

 Unos meses después desde un auto oscuro balearon a  vendedores de drogas en el barrio Los Quinchos matando un joven e hiriendo  una mujer dejando el claro mensaje que el territorio es de ellos.

El año pasado en un campo cercano en barrio Los Pilares un joven vendedor de drogas fue asesinado y años antes lo mismo sucedió en Curva de Chávez, siempre a manos de la misma banda.

Los últimos asesinatos desbordaron en violencia, ayer unas 200 personas hicieron justicia por mano propia contra la pareja que vendía drogas en la misma cuadra donde Franco Herrera y Ariel Machi fueron asesinados por error. El ataque a “Jony” y Cintia, su mujer,  se justificó en que la «balacera era para ellos por vender drogas», como resultado ella fue asesinada, su hermano se encuentra internado en grave estado y su pareja logró huir.

Está claro que las fronteras del país son un colador y que la droga entra de todas formas, como también que los jefes policiales en cada provincia son mayoritariamente corruptos, pero ¿qué hizo el gobierno municipal todos estos años frente a estos crímenes?

Sostuvo durante 5 años como jefe de distrito a Ramón Rodríguez durante cuya gestión se construyó la ocupación de la periferia para vender drogas y se creó la mentira de que existía una poderosa banda llamada “los Paisas” cuando  en realidad son varias y diversas. Las mentiras de Rodríguez fueron desbaratadas cuando el fiscal Daniel Ichazo demostró que los campos linderos entre Varela y Berazategui eran alquilados por personal policial, entre ellos el campo “La Vasca” que hace unos meses fue nuevamente allanado por la policía de Berazategui ante la inacción de la de Varela.

Luego de Rodríguez llegó un jefe policial con oscuros antecedentes llamado Edgardo Perdiguero que se fue en medio de numerosos escándalos.

En mayo del 2025 llegó al cargo el comisario mayor Fernando Barrientos quien fue jefe de la Policía Local y su mayor virtud es obedecer al poder político.

Todas las semanas vemos cómo sonrientes punteros políticos y algún vecino cada tanto son llevados a conocer la sala de monitoreo o se realizan reuniones barriales donde los invitados agradecen a coro el gran trabajo del municipio, viven en una realidad paralela. Esa realidad paralela tiene dos personajes centrales el secretario de gobierno Daniel Dono Leidi y el oscuro Franco Risso que son quienes aconsejan a Watson qué hacer con la seguridad, el final no puede ser otro que la tragedia.

En unos días algunos jefes policiales serán trasladados, alguno jubilado y Watson con sus funcionarios estarán nuevamente pensando en lo único que les importa conservar el poder.

Mientras tanto sus socios políticos del PRO Y  LLA coordinados por el ex comisario inspector Bondarenko dirán alguna pavada de compromiso antes de seguir ocupados con lo importante que es su propia interna.

Cuatro muertos, dos personas graves, familias destruidas y una comunidad rota es lo que queda.


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