Argentina y millones de personas repartidas por el mundo estarán pendientes del resultado de la final de la Copa del Mundo 2026 a disputarse hoy entre Argentina y España.
Sin dudas, el proceso actual argentino es el más exitoso en términos de resultados futbolísticos, pero ¿qué pasó para que lo sea?
En general, resultado de nuestra mirada política, cultural y futbolística, tendemos a pensar que esta realidad actual es fruto de la existencia de Leo Messi, pero sí esto es así ¿por qué no sucedió antes?
La historia comienza con un hecho que parece inadvertido: la llegada de César Luis Menotti como Director General de Selecciones Nacionales de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Un Menotti designado por el presidente de AFA: el “Chiqui” Tapia.
Está claro que las trayectorias de vida y modos de ver el mundo de Menotti y Tapia no son las mismas pero la designación sucedió.
Y con ella no llegó sólo Lionel Scaloni sino todo un equipo de personas que en su vida profesional demostraron «pensar en términos colectivos y se manejaron de modo respetuoso y serio todo el tiempo” .
Scaloni, Samuel, Aimar, Ayala, Tocalli (más el resto del equipo) expresan formas organizativas colectivas que permiten éxitos deportivos.
Desde que arrancó el Mundial se intentó desde el Gobierno Nacional, en las redes sociales, apropiarse de los valores de la selección y contraponerlos a los que expresó Maradona, sobre todo, en sus opiniones políticas.
Esa estrategia fracasó cuando el país descubrió que pensar colectivamente y ser respetuosos en las expresiones no impide fijar postura sobre que piensan de Maradona, de las Islas Malvinas y de la situación sociopolítica del país.
La selección dejó en claro su postura sobre la cuestión Malvinas desde su rol pero, también, Messi de modo sencillo y claro se manifestó solidario acerca de la realidad social de miles de argentinos.
Un país aplaude, se conmueve y reivindica el «modelo de hacer las cosas de la selección nacional» para, luego, un porcentaje significativo apoyar liderazgos que deciden solos, descalifican al que opina distinto y se creen salvadores mesiánicos.
Quizás esto se explique por la permanente contradicción argentina entre lo que nos gustaría y la aceptación de lo contrario por ser lo menos malo u odio al adversario.
Los jugadores y el cuerpo técnico eligieron ser parte de la actividad futbolística y no tienen pretensiones político- partidarias pero sería importante que miremos todxs sus modos de relacionarse, su tolerancia a los matices y su modo colectivo de actuar.
La discusión pública sin taparse la boca sobre táctica futbolística en pleno partido (entre Paredes y Scaloni) es una «muestra de que se puede liderar de otra manera» y tener éxito.
Ojalá se traslade a otros ámbitos de nuestro gran país.

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