¿Qué más necesitan los gobiernos y la sociedad toda, para valorar el trabajo docente?
Este año más que nunca hemos visto docentes víctimas de golpes, maltratos y, el hecho más grave, el asesinato de Nanci Godoy en Esquina, Corrientes.
Nanci era maestra rural, como muchísimas compañeras y compañeros de todo el país. Fue asesinada y su cuerpo desaparecido por 21 días, más detalles darán los peritajes, pero probablemente abusada, según investigación judicial. Todo lo sucedido con Nanci, tiempo después de denunciar ante sus superiores inmediatos, las condiciones en que recibió su servicio educativo cuando tomó la dirección del mismo, hace pocos meses.
La Escuela Rural N°626, del Paraje El Malezal está enclavada al fondo de la Estancia El Curupí (de unas 12.000 hectáreas, perteneciente a la familia Bincle/Nemesio). Y vinculada al exclusivo turismo de caza deportiva (si cabe esta denominación) para extranjeros. Área rural aislada, con montes, bañados, lagunas y arroyos que hacen muy complejo el acceso. Para llegar era necesario un vehículo y luego continuar un recorrido de aproximadamente dos a tres horas, a caballo.
No es la única escuela con esa dificultad. A lo largo y ancho de nuestro país hay centenares de Escuelas con poco más o poco menos dificultad de llegada. Algunas son escuelas albergue, otras simplemente, la única relación entre las comunidades rurales y el Estado (el Estado ausente, en muchos sentidos).
¿Hubiera tenido el mismo final si su escuela hubiera estado en condiciones de acceso adecuadas?
¿Si la escuela hubiera contado con personal docente o auxiliar además de Nanci?
¿Volverá, quien corresponda, a leer la carta y los videos donde Nanci mostró la falta de vidrios, las plagas, la falta de agua, de baño, la ausencia de documentación de las gestiones anteriores?
¿Serán investigados los cargos jerárquicos por encima de ella por hacer caso omiso de sus derechos laborales?
¿Servirá su muerte para hacer reflexionar a directivos, inspectores, jefaturas, etc etc etc de todo el país, que todos y todas estamos en riesgo si no se cumplen las normativas mínimas para enseñar y aprender dignamente?
El límite de la vocación y el servicio es cuando cada docente va con miedo a trabajar. Porque puede ser agredido, porque no puede llegar a su escuela o porque sabe a conciencia que su trabajo no es respetado.
Hace mucho tiempo que muchos suponen que exigir respeto es pretender un altar, pero nada más lejos. El respeto que exige quien ejerce la profesión docente es ir a trabajar en condiciones adecuadas. En escuelas calefaccionadas, con cocina, agua, limpieza, y sabiendo que nadie va a agredir o matar. Porque a esta altura es claro, la omisión y negligencia, mata.
Esta vez fue en Corrientes, en contexto rural. Hace pocos años, fueron Sandra y Ruben, que les explotó una garrafa pretendiendo comenzar a preparar alimento para sus estudiantes de nivel primario, en Moreno, Buenos Aires. Antes también Carlos Fuentealba, reclamando un sueldo digno.
El reclamo salarial también es central. Nadie puede aprender con hambre, y nadie puede enseñar pensando si carga la Sube o llega a darle de comer a sus hijos o pagar el alquiler.
La docencia y sus condiciones no es algo nuevo.
La omisión de representación de los sindicatos y centrales de trabajadores (no sólo docentes) no es algo nuevo. Hoy, entre toda la bronca, en la movilización a la Casa de Corrientes, en la Ciudad de Buenos Aires, mientras algunas agrupaciones y docentes que fueron de manera particular, expresaron su bronca y esperaban un pronunciamiento ante el grave hecho y los reclamos acumulados, prefirieron dar por concluida la actividad brevemente. Abundan las grabaciones y reclamos en redes sociales.
Tal vez la clave esté en no acostumbrarnos a pedir tanto y empezar a exigir. Porque cuando las garantías estén dadas, no solo va ser mejor la educación sino que serán mejores las generaciones que pasen por nuestras escuelas.
Justicia por Nanci Godoy, Maestra Correntina y Justicia por cada omisión de quienes deben garantizar un futuro mejor a nuestras infancias y juventudes.
Qué viva siempre la lucha docente, por sobre las burocracias sindicales y el poder que encubre calamidades.


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