UN NUEVO ANIVERSARIO DE “LA MASACRE DE PASCO” Y LA CONEXIÓN QUE TUVO CON FLORENCIO VARELA

El 21 de marzo de 1975 gobernaba la nación María Estela Martínez de Perón, más conocida como “Isabelita o Isabel” y en la Provincia de Buenos Aires Victorio Calabró. Eran tiempos donde la ultraderecha peronista sostenía que “había que depurar de zurdos infiltrados al peronismo”.

A su vez, en Lomas de Zamora, había sido electo intendente  (el 25 de mayo de 1973) Roberto Ortiz, un hombre ligado a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Por su parte, el candidato a segundo concejal era un tal Eduardo Duhalde, «el negro», que venía de la Democracia Cristiana, pero se había sumado al peronismo y lentamente se vinculaba a los grupos ligados a la ultraderecha.

Ahora bien, a meses de asumir el Concejo Deliberante de Lomas de Zamora desplaza del cargo al intendente Roberto Ortiz por cargos de corrupción y asume la intendencia el 1° Concejal Pablo Turner.

El ahora electo nuevo intendente era parte de la Tendencia Peronista del ala izquierda del movimiento, pero mientras el asumía el ganador como Presidente del Concejo Deliberante, Eduardo Duhalde, profundizaba su relación con sectores de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) .

Durante su corto gobierno,  Pablo Turner fue atacado desde dos medios: “El Caudillo” de la Tercera Posición (que dirigía el varelense Felipe Romeo y era el órgano de prensa de la Triple A) y la revista de ultraderecha “Cabildo”.

Los argumentos de las publicaciones rondaban en que «Turner era un infiltrado comunista en el peronismo y había que eliminarlo» pero, también, sostenían que debía asumir la intendencia Eduardo Duhalde.

Un hombre clave en el apoyo a Turner era el Concejal Lencinas duramente enfrentado con Duhalde.

Finalmente, a fines de 1974, Eduardo Duhalde, con el apoyo de la derecha peronista, logra desplazar a Turner y es elegido intendente.

Y en el entorno de Duhalde se destaca una joven mujer que será su sombra y se encargará de cuidar su espalda desde la Dirección de Legales: la mismísima Graciela Gianettassio. Pero faltaba aún “una pata más en el triángulo político siniestro que más adelante se concretó” .

Así pues, al mismo tiempo que Graciela se sumaba a Duhalde, ésta tenía un compañero con el cual había compartido la carrera de abogacía en la Universidad del Museo Social Argentino y que se había transformado en un amigo de extrema confianza para ella, era Luis Esteban Genoud… Sí, era él quien completaría la tríada mencionada.

Entonces, y a la luz de todo esto, cuando asume la intendencia Duhalde, desde las revistas “El Caudillo” y “Cabildo”, saludaron su llegada porque “ahora sí terminarían de lograr su objetivo de aniquilar a los zurdos”.

Como dijimos, la resistencia a Duhalde la encabezaba el Concejal Lencinas quien era amenazado de muerte   desde estas mismas publicaciones y por matones de la derecha peronista.

Así fue que el 21 de marzo de 1975, en Donato Álvarez casi Avenida Pasco, se juntaron varios Ford Falcon y un Torino con unas 15 personas a bordo y se dirigieron al barrio San José buscando diferentes casas y a la Unidad Básica 22 de Agosto.

La primera víctima fue Gladys Martínez, a quien balearon dentro de su casa cuando intentaron matar a su pareja Omar Caferatta.

Luego, en los diferentes recorridos capturaron a siete personas: al Concejal Lencinas, a los militantes  peronistas Héctor Flores, Aníbal Benítez, Germán Gómez y Rubén Maguna (a quien capturaron por error) y a dos adolescentes (Eduardo Díaz de 14 años y su hermano Alfredo Díaz de 16 años).

Las siete personas fueron llevadas a un descampado en las calles Santiago del Estero y Sánchez donde las fusilaron para luego volar sus cuerpos con dos granadas.

Los crímenes fueron celebrados en las revistas “El Caudillo” y “Cabildo” con un rotundo apoyo de (y a) Eduardo Duhalde.

Eduardo Duhalde pasó sin sobresaltos  la última dictadura de 1976- 1983 al igual que Graciela Gianettassio, mientras que Luis Genoud integraba la “Comisión de Festejos, Homenajes y Acción Comunitaria” creada por la dictadura en Varela y mientras que, a su vez, sus compañeros y amigos de militancia desaparecían uno a uno.

La vuelta a la democracia encontró a los tres viejos amigos ocupando todo tipo de cargos mientras las familias de las víctimas luchaban (y aún siguen luchando) por Memoria, Verdad y Justicia.

Entonces, esta historia verídica nos demuestra la importancia de sumarnos a esa lucha y mantener viva la memoria.


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