En 1976 la ciudad de Florencio Varela solo contaba con 91.000 habitantes, era una importante zona fabril por lo cual existía un alto nivel de organización sindical, pero también mucha actividad política y estudiantil. El creciente conflicto político entre el «orden conservador» reinante y las organizaciones populares era cada vez más evidente.
El 24 de marzo de 1976 se inició un proceso sangriento donde más de 100 compañeros y compañeras fueron secuestrados y desaparecidos, otres sobrevivieron a los centros clandestinos, fueron exiliados internos, externos y hubo niñas y niños apropiados.
La vuelta a la democracia el 10 de diciembre de 1983 fue una enorme esperanza que rápidamente se vio opacada con la llegada a la intendencia de Julio Carpinetti quien estuvo vinculado a personajes siniestros como Patricio Camps, integrante de células de ultraderecha. Cuando asumió Carpinetti designó como secretario de gobierno al secuestrador Francisco “Chicho” Basile y como subsecretaria de gobierno a Graciela Gianettassio, la mano derecha de Eduardo Duhalde en la intendencia de Lomas de Zamora cuando la Triple A asesinaba opositores.
Julio Carpinetti negó públicamente la existencia de cuerpos NN en el cementerio de Varela mientras se paseaba acompañado de dos personajes siniestros, el “Negro” Peralta, ex integrante de la Banda de Aníbal Gordon y Eugenio “el Polaco” Cipolat, miembro del Batallón de Inteligencia 601.
El enorme trabajo de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia demostró con documentación quién era Julio Carpinetti, sus vínculos con represores y el ocultamiento de cuerpos enterrados como NN en el cementerio municipal.
Carpinetti no fue el único funcionario en democracia con vínculos siniestros. Siendo Julio Pereyra presidente del Consejo Deliberante la mayoría de los concejales del Partido Justicialista recibieron y apoyaron al rector del Instituto Santa Lucia, Modesto Evaristo Rodríguez, quien defendía públicamente al dictador Videla y se jactaba de «mandar estudiantes a ver los rabanitos desde abajo».
La llegada de Julio Pereyra a la intendencia en julio de 1992 incorporó como personaje central a Luis Genoud, un expolicía bonaerense que se sumó a la tendencia peronista y en dictadura colaboró con la misma, además de apretar en la Comisaría 1ra a Neli Bartucci.
Desde 1983 al 2007 el gobierno municipal no impulsó acciones de memoria, verdad ni justicia, mientras personajes como Carpinetti, Basile, Gianettassio, Cipolat y Peralta eran parte de las tramas de poder.
Mientras el poder político guardaba 24 años de profundo silencio había sectores que luchaban por memoria, verdad y justicia. El diputado provincial Jorge Fava denunciaba los NN del cementerio de Varela, los vínculos de Carpinetti con represores, el accionar de la triple A, también un grupo de jóvenes impulsaba convocatorias por los Derechos Humanos y denunciaban las desapariciones en el Instituto Santa Lucia.
Los familiares de les detenides desaparecides de la ciudad se sumaban a diferentes organismos ante la indiferencia del poder político local y la bronca de ver a los represores y sus cómplices caminar por las calles varelenses.
En el 2004 se crea la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Florencio Varela que hasta el día de hoy lleva adelante acciones públicas e investigaciones con el fin de mostrar las consecuencias del genocidio en Varela y quiénes fueron los responsables y colaboradores en dictadura y democracia.
Luego de 24 años de silencio cómplice del gobierno municipal (1983 – 2007) comenzó la etapa de un accionar vergonzoso donde abundan los homenajes a los detenidos desaparecidos de la ciudad, pero continúan siendo personajes claves de la maquinaria de poder Luis Genoud, Chicho Basile y Graciela Gianettassio mostrando la hipócrita doble vara.
Los 50 años del golpe cívico militar eclesiástico empresarial de 1976 encuentra a la ciudad en medio de dos posiciones sobre lo sucedido. Por un lado, el gobierno municipal y diferentes espacios impulsando una historia manipulada para proteger a personajes de la dictadura. Por otro lado, familiares de desaparecidos, organizaciones políticas, sociales y estudiantiles homenajeando a las víctimas, pero denunciando a los desaparecedores y cómplices en dictadura y democracia. El ejemplo más claro que muestra la postura cómplice de gran parte del sistema político es declarar «ciudadano ilustre” de la ciudad a Luis Genoud, mientras gran parte repudiaba su rol en la dictadura y en democracia como ministro de seguridad durante la Masacre de Avellaneda.
En la defensa de los Derechos Humanos no se puede ser neutral, se los defiende o se es cómplice de su violación.


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